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El Optimismo: El Gran Motivador


El optimismo igual que la esperanza, significa tener una fuerte expectativa de que, en general, las cosas irán bien a pesar de los contratiempos y de las frustraciones.

Desde el punto de vista de la inteligencia emocional, el optimismo es una actitud que impide caer en la apatía, la desesperación o la depresión frente a las adversidades.  Y, al igual que ocurre con su prima hermana, la esperanza, el optimismo, siempre y cuando se trate de un optimismo realista tiene sus beneficios.

Los optimistas consideran que los fracasos se deben a algo que puede cambiarse y, así, en la siguiente ocasión en la que afronten una situación parecida pueden llegar a triunfar.  Los pesimistas por el contrario, se echan las culpas de sus fracasos, atribuyéndolos a alguna característica estable que se ven incapaces de modificar.   Estas distintas explicaciones tienen consecuencias muy profundas en la forma de hacer frente a la vida.

Las puntuaciones obtenidas en una prueba de optimismo por quinientos estudiantes de los primeros cursos de la Universidad de Pennsylvania, fueron un mejor predictor de su rendimiento académico en aquellos años que las puntuaciones obtenidas en el examen de inteligencia.

Según el autor de esta investigación, los exámenes de ingreso en la universidad constituyen una medida del talento, mientras que el estilo explicativo le dice quién abandonará.  Es la combinación entre el talento razonable y la capacidad de perseverar ante el fracaso lo que conduce al éxito.

En las pruebas que valoran las habilidades de uno u otro tipo suele dejarse de lado la motivación.  Todo lo que debes hacer es seguir adelante cuando las cosas resulten frustrantes….

El equipaje mental de los pesimistas les conduce a la desesperación, mientras que el de los optimistas reactiva su esperanza.  Uno de los orígenes de la visión positiva o negativa puede ser el temperamento innato, ya que hay personas que tienden naturalmente hacia una o hacia la otra.  Pero también el temperamento puede verse modulado por la experiencia.

El optimismo y la esperanza, al igual que la impotencia y la desesperación, pueden aprenderse.  Detrás de ellos está la auto eficacia, la creencia de que uno tiene el control de los acontecimientos de su vida y puede hacer frente a los problemas en la medida en que se presenten.

Desarrollar algún tipo de habilidad fortalece la sensación de eficacia y predispone asumir riesgos y problemas difíciles.  El hecho de superar estas dificultades aumenta a su vez la sensación de auto eficacia, una aptitud que lleva hacer un mejor uso de cualquier habilidad y que también contribuye a desarrollarlas.

Mucho Exito.



Artículo extraído de Libertad Financiera























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